Friendstival beta 2k18: Una propuesta alternativa para la (con)vivencia musical.

El 10 de noviembre ocurrieron simultáneamente varios eventos y festivales en los confines del centro capitalino mexicano, uno de ellos llamó mucho la atención tanto por sus jóvenes y distintas propuestas: a sólo unas cuadras de las dos cedes del evento masivo principal ofrecido por la Semana de las Juventudes se estaba llevando a cabo (léase: tanto en el Zócalo como en la Plaza Santo Domingo), ocurría el Friendstival Beta, una propuesta alternativa de la mano de INTRSTLRS y del Centro Cultural España cuya diversidad musical, aunada a las proporciones del Espacio X del recinto, representó un jolgorio totalmente distinto a los que se vivían en esos otros escenarios de la capital.

La importancia de de festivales como éste es enorme, pero antes de reflexionar sobre eso checa como estuvo la participación de todas estás bandas sobre el escenario y porqué deberías conocerlas (o no, para gustos sólo hay corpus, igual podrías darle una oportunidad a alguna que no hayas escuchado todavía, podría moverte algo en tu interior).

Fiesta y bailes sobre la pista.

Tras una “mesa redonda” sobre la diversidad de los mercados musicales en el país (el cual desgraciadamente nos perdimos, sin duda nos hubiera gustado escuchar a algunas personalidades que han ayudado a estructurar la escena independiente en México, si tan sólo lo hubieran grabado y posteriormente subido…), Aladin Fox, la primera banda, inauguró el festival: Indie Pop con influencias de la década Post-Punk, con el New Wave más melancólico y querido por todos, con referencias románticas al último decenio del milenio e insuflados por el sentimentalismo mexicano musical, ese que cosquillea el alma por la opresión de la falta, ¿qué más necesitas para empezar a mover las caderas con tu pareja de turno? Vincents, César, Jorge y Adrián transmitieron energía con su vigorosa presentación gracias a la dinámica entre los tres cuerdas sobre el escenario; a ésta se le agregó la participación de Andrea Martínez “Andru” de Vaya Futuro y Holbox, un buen toque con el que dejaron la pista preparada para el baile. Como una propuesta distinta dentro de su territorio, Chetumal, llegaron al Friendstival para ofrecer parte de sus materiales “Dancing on the Lights” y su extended “Movies Night”, seguro lograron despertar la curiosidad de más de uno.

        

Fue el turno de las nostálgicas pero movidonas melodías Jangle más apreciadas por los fanáticos de la escena independiente del Valle de México, Useless Youth, quienes dieron varias sorpresas a los asistentes: desde la presentación en vivo de varias canciones, un anticipo de su nuevo larga duración (ya disponible), la participación de Emanuel Herrera de Jean Loup, canciones de su repertorio que no habían tocado desde hacía tiempo y el lanzamiento hacia los espectadores de mercancía de la banda, un regalo “pre-buen fin”. La navidad llegó antes para el auditorio, sobre todo tomando en cuenta las declaraciones de los muchachos, pues este Friendstival Beta representó su última pisada a los escenarios del año. Esperen pronto la reseña de “Cities”, su nuevo album, aquí en Postal.

        

A la espera de la presentación de Monstruos del Mañana nada fue más grato que apreciar los productos del bazar. Entre stickers libretas y merch variopinta de la escena independiente, uno podía bien perderse en tantas cosas. Entonces los integrantes de Monstruos comenzaron a tocar las primeras notas de la fiesta que estaban a punto de dar; impregnado el ambiente con su ”Tropical Dystopia”, muchos asistentes comenzaron a bailar con la exploración psicodélica que hacían del son caribeño tanto con sus instrumentos como con su vestimenta. Quizá lo único que podría alejarte en un primer momento de esta pegajosa muestra de World music del bueno sea el acento de las voces de los muchachos, muy neutral (al estilo “chilango”, me refiero) para los sonidos caribeños, pero esto no quita nada de calidad a su “Tenquén” ni a su esfuerzo por sacar a los capitalinos de la rutina citadina, de hecho le da algo de sentido nostálgico que se combina a la perfección con el concepto de “distopía” que maneja la banda.

        

Luego subieron arriba Raprimal Boyz trayendo consigo la música de las calles y la actitud urbana al instituto. El dueto de Hip-Hop, Rap y Reggaetón puso a perrear a la gente mientras tocaban su “Huayra Album” en colaboración de miembros del gremio como Bower Eudave y Freddy O’kelly, además de estar acompañados en una canción por Maya Piña de Budaya. Cerraron con un cover ecléctico que puso a la mayoría a moverse independientemente del origen, con la trompeta característica del reggaetón puesta entre cada canción (ese efecto de sonido tan conocido) como para dejar en claro que ese espacio también está abierto al género, a una diversidad musical.

          

La banda de culto por excelencia -nacidos en Hermosillo, Sonora-, Hong Kong Blood Opera hizo una visita a la capital muy a lo Hardcoreneutralizando cualquier inhibición entre ellos y el público. Acompañados con sus vestimentas fluorescentes, llenaron todos los sentidos de un zumbido poderosamente ensordecedor; Sebastián (el vocalista) y posteriormente Punket (encargado de los sintetizadores) se lanzaron al auditorio (en ocasiones distintas) para iniciar el pogo, el cual fue bien acompañado por algunos de los asistentes. A su Punk Electrónico de los “The Bruce Willis Experience & The Future is Bullshit”  y “The Critical Paparazzi” (que recuerda a un poco al Witch House aunque más atascado) se les sumaron unos cortos carmesí en los proyectores, la más alta expresión de la estética de la banda y una nota de agradecimiento de la boca de Sebastián por haber estado ahí “cuando bien podrían estar esperando a que toquen los Pixies”.  

       

Y para cerrar: su único pecado fue tocar 45 minutos antes de Pixies  (si no recuerdo mal, en realidad fue el doble, para desgracia de una audiencia masiva en el Zócalo que aguardaba ansiosa a la banda de Boston); al elefante místico, dueto electrónico que compone Budaya, le tocó cerrar la versión del Friendstival Beta de este año mientras otro tipo de electrónica se tocaba de la mano del trío Titán (y quizá también por esa razón) el auditorio quedó no vacío, pero si con una pequeña porción de asistentes; fieles fanáticos de la escena y dignos defensores de los jóvenes proyectos permanecieron para escuchar a estos músicos. Con un colorido espectáculo, Maya y Tulio, originarios de Guanajuato, cautivaron a la audiencia con el Pop de sus Dream y Synth, géneros plasmados en sus “Montionless” y “Calma”, terminando el festival con Free of you.

         

Entre la multitud: dos (con)vivencias musicales divergentes.

Al salir del Centro Cultural España sólo quedaba ver si esos 10 millones de pesos de impuestos invertidos en los Pixies (y que desataron una polémica sombría respecto al empleo de los recursos y el apoyo en programas sociales) habían válido la pena.

La espera fue algo larga. Los influyentes veteranos del Noise se hicieron esperar pero tras aproximadamente media hora de retraso comenzaron el espectáculo…

Esto no será una reseña de la presentación de los Pixies, más bien nos ayuda a reflexionar respecto a dos espacios que sustancialmente despliegan dos dinámicas de experiencia y convivencia distinta, dos funciones de la música que se resumen en el espectáculo masivo y la relación casi simbiótica entre un agente sobre el escenario y los actuantes sobre la pista.

Los Pixies se encontraban en una plataforma que los alejaba materialmente desde la distancia a la que se encontraban del público, este efecto se traducía en una separación no sólo visual (la pantalla es la concreción de esa distancia, que al intentar hacer de algo real “tangible” para la vista, lo torna en una ilusión de “hiper-realidad“), también y sobretodo sonora (la apertura del espacio, ese aire libre donde las ondas no tiene con que chocar se suplementó con los bocinas para amortiguar la falta sonora, el escape). La consecuencia de relación entre ambos aspectos es una sensación virtualmente inmersiva.

Si bien esta relación no es socavada por la cercanía de algunas pantallas, lo es en cuanto al escape del audio: la ruptura sonora-visual se convierte en un vacío en la experiencia apenas rellenado por la presencia visual-espectacular de la banda, lo que significa en pocos términos que la música de Pixies requería un espacio más estrecho para el disfrute de la música, pues la dispersión de sonido potencialmente significa una dispersión de atención. No fue un desperdicio por supuesto, aunque los efectos musical y experiencial pudieron ser más sustantivos en otras circunstancias que permitieran una contemplatividad completa de las obras de los Pixies. 

En contra partida con la función espacial-sonora específica del Zócalo, el recinto dentro del Centro Cultural de España tiene la facultad de envolver -hasta cierto punto, quizá no suficientemente- a los espectadores (activos agentes del show puesto en marcha por cada una de las bandas) gracias a las paredes que rodean al recinto. A pesar de que el efecto de reverberación musical dentro de ese espacio no esté del todo disponible, las vibraciones sí que se transforman en sensaciones que los fanáticos y las bandas pueden compartir y a través de las cuales actuar en consecuencia (bailar, perrear, provocar un slam). Sin embargo, y de acuerdo a David Byrne (Cómo funciona la música), esto dependerá sobre todo de las posibilidades del espacio y su relación con el despliegue del tipo y género musical (sin olvidar la interpelación de cuerpo por el gusto musical).

Pero esto no es la única ventaja de este tipo de eventos; sin contar el hecho de que era gratis (aunque hicieron falta la presencia de más público), la (con)vivencia con las bandas no se limita a este encuentro simbiótico entre sonoridades, sensaciones y acciones; incluye una relación concreta cara a cara, la posibilidad de interacción tras cada tocada, el sentimiento de poder estar apoyando tanto a una banda como a la escena independiente de México y no sólo a un género en particular, si no a varios; son verdaderos fundamentos de economías (“micro” si se quiere) emergentes y de disfrute; son pues (con)vivencias musicales que valen la pena desde cualquier ángulo, aprovéchalas. 

Imágenes tomadas por Meztli Gutiérrez.

Armando V Pizagna

Creativo y Editor at Postal of an indie boy
Un sujeto que aprecia la música y que además es sociólogo; gusta de apreciar los fenómenos musicales y sonoros que hay ahí afuera en el mundo; se trata de un tipo con la ferviente (y quizás ingenua) creencia de que la música debe ser libre o no será nada.

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