Sharesprings o la inesperada parafernalia de la primavera.

Compárteme lo que hay en tu corazón, aunque me hagas lagrimar; esta primavera de nuevo, que las luces del sol quemen las gotas que hay en mi corazón, aunque ellas no logren secar, aunque ellas sólo se impregnen para siempre. No sólo los sentimientos loables florecen durante la primavera, también las obras de la oscura bilis germinan oculta en ella: su nacimiento es más doloroso, pues se tornan imposibles de compartir ante un agudo nudo de garganta, se retuercen en un respiro, se contraen y convulsionan sobre sí mismas. Y sin embargo en la más desesperante ignominia e la imperecedera melancolía, la pasión y el amor brotan ante la mirada de la persona adecuada, convirtiendo toda letanía pesimista, martillante en el corazón, en una etérea e infinita esperanza.

Del autor para M.M.G.C. quizá no el lugar apropiado, mas el tiempo a bien se aprovecha. Los mejores 7. 

 

Una nueva estación del año se aproxima: el otoño se apresura ante la desmesura de las lluvias torrenciales de verano para sobreponer un ambiente más disfrutable a los gélidos corazones, para ser más precisos: en épocas frías o llenas de smog, esos cardíacos sufrientes entrar en un estado de tristeza absoluta y frecuente sin razón aparente, encuentran en aquellas el paisaje adecuado para dar rienda suelta a sus sentimientos, mirando, a través de la ventana, los recuerdos dibujados por el vapor de la bebida caliente (“artesanal” si eres bien hipster), recuerdos llenos de nostalgia; toda una parafernalia de la melancolía.

Toda esta introducción por supuesto ha sido para darle una apertura a la banda integrada por unos muchachos no tan introvertidos como su origen patriótico y su despliegue musical podrían llevar a pensar: el sonido de Sharesprings, cargado de una melancolía compartida por todos incluso en primavera, hace unos días (el 12 de agosto del 2018) estrenó su primer EP 7 años después de haberse formado, tras mucho trabajo duro para crear este primer álbum… y si se lo preguntaban, todo ese discurso de arriba respecto al clima y al otoño, próximo en el hemisferio norte, era una referencia a que, por su parte, en el hemisferio sur y -por añadidura- en la tierra natal de estos muchachos, Indonesia, está -efectivamente- a unas semanas de comenzar el periodo primaveral.

Parafernalia de una ciudadela musical: la ilusión de la diversidad

Seguramente, como internauta hispano, por ahí en las redes sociales habrás escuchado sobre el K-Pop, el J-Rock e incluso el Math Rock, cosas de ese tipo, además del sin fin de intros del sin fin de animes (aunado a la más reciente y bizarro -en el sentido anglosajón de la palabra- creación de ese lado del mundo: el Future Funk) y de más monos chinos que no entiendes, pero que al parecer mueven a todo un vasto sector poblacional en cada nación. Bien (y aquí viene la primera revelación), lo que seguramente has pasado por alto, gracias a tu posición cultural inmunológica con respecto al resto del mundo, es que hay Shoegaze Asiático.

Has leído bien: como relata Brian Haman en su artículo ‘A language we use to say sentimental things’: how shoegaze took over Asia (publicado en septiembre del año 2017), el shoegaze lleva un tiempo de haberse consolidado en Asia, incluso al punto de haber generado su propio festival de nicho. Llegando al género por “cuenta propia” (aparentemente inspirados por el rock oriental, a su vez influido por el shoegaze occidental), hacen traslucir sus sentimientos cabizbajos en el eclecticismo dado entre el sonido psicodélico, el ruido del feedback y el sentimiento del shoegaze, y la estética propia de oriente asiático, que va desde el cine hasta el folclore, pasando por el arte de esa zona.

Ahora bien, puestos sobre la marcha, esto sería muestra de una diversidad musical amplia en la región, y no obstante, muchos de los lectores de este post seguro se han sorprendido al enterarse de la existencia de esto. Sin duda una demostración más de que el éxito comercial retribuye una tasa de difusión-importación a la repetibilidad de las fórmulas temáticas-creativas propias de los lugares comunes sonoros, mientras oblitera propuestas con sentimiento tanto en su producción, ejecución y ensamblaje creativo (ya saben, la parafernalia de la industria musical sobre la del arte). No está de más intentar abrir aunque sea espacios de discusión con respecto a éstas últimas, y el estreno del primer corta duración de Sharesprings (una banda que se expresa en un shoegaze con tintes tweegaze) parece el momento perfecto para hacerlo aquí.

Parafernalia de un atributo distinguido

Con algunos añitos dándole potencia a sus sentires con algo del clásico shoegaze (con las dificultades que se han encontrado en el camino, tratando de consolidar un sonido, conjurando en la expresión de sus voces ese algo que los categorizaría dentro de “lo asiático”), Sharespring se propone transmitir a los escuchas un poco de esas “cosas sentimentales”, como la contracción que su nombre indica: (Share) compartir las (springs) primaveras de sus vidas, con todas las experiencias amorosas que eso conlleva. Más allá del foco alegre que podría conllevar esta afirmación, sus canciones -como lo indican sus títulos y las letras que las componen- están llenas de ironía, en cuya ejecución se perciben rasgos de melancolía o incluso nostalgia.

Sharesprings se compone por Ardhi Yudho, escritor de casi todas las letras, Putriani Mulyadi en la voz, Rusli Budianto, Yehezkiel Tambun y Yanu Fuadi como colaborador en el bajo y en la escritura de un par de canciones que, tras varios singles lanzados durante siete años han logrado constituir el EP “Paraparlor”. Compuesto de ocho tracks y con una duración de casi 20 minutos, la portada del mismo se halla repleta del abordaje millennial de la época: un poco entre el minimalismo de hacer las cosas a medias y de representar ciertas expectativas con la vida adulta, con los trazos chuecos de una juventud apresurada, pero con un tono de azul interesante; hasta cierto punto se les pasa replicar el estilo de tantos otros discos.

Queda, pues, preguntarnos ¿han logrado el cometido de entregar un objeto de disfrute auditivo lo suficientemente fuerte como para abrirse paso por la escena y ganar reconocimiento por el mundo (aunque sea el electrónico)?

El disco, lleno de referencias amorosas que surcan la temática de manera adolescente en algunos tracks mientras que en otros lo hacen de manera más romántica, no deja de tener ese toque de ironía respecto a los propios sentimientos, mas conserva -como se ha dicho- el feeling melancólico gracias a la manera en que se despliega la aguda voz de Mulyadi con tonalidades cromáticas que recuerdan a las voces femeninas estereotipadas de las series de animación japonesa, sin olvidar el empleo de la lengua anglosajona en la totalidad de sus letras.

En la mayor parte del tiempo, la lírica domina el movimiento de las canciones, a excepción de la primera, Prostitute, una overtura centrada más en la instrumentación, añade ironía a la lírica; Pocketguides tiene un sonido Noise-pop, muy agradable, por cierto. Entre ambas conforman un crescendo (si dejamos fuera a Something Soon, cuya fuerza anecdótica la convierte en un buen single) en la calidad que tiene su cenit con So Comely (una de las dos mejores), al parecer fuertemente influenciada por la escena de occidente (tan sólo escuchen el bajo).

Tras esto nos encontramos con un descenso sin la menor sutileza con Elza, I’d Write You A Song, uno de los trabajos anteriores Sharesprings y desgraciadamente una de las dos canciones que contiene más elementos provenientes de la zona (es como el frenético inicio de un anime, y no es que tenga algo contra ello, pero la verdad expresa un contraste muy exagerado con el disco en general).

We Don’t Have To Talk But Please Hold My Hand curiosamente remite al estilo de Los Punsetes en su ensamblaje, algo que puede ser del desagrado de muchos (no para mí, por supuesto), ante todo es un sonido grato. Paraparlor, homónima del EP es la otra canción que más vale la pena: la armonía, el juego de las dos voces, el grácil eco de la voz, el ritmo de la batería, la guitarra no tan expresiva en sus arpegios, el sostén fantasmal del bajo; todo en esta canción vale la pena. Finalmente, The Perfect Thing la cual también contiene ciertos motivos orientales: tanto el rock de oriente como la influencia del pop se combinan como un conjunto orgánico en toda la canción.

Parafernalia de un canto inacabado

La parafernalia, toda esta ritualidad superpuesta a través de más de media década, como un empeño preparatorio para consagrarse dentro de la escena del shoegaze al poner a nuestra disponibilidad su disco, parece haber valido la pena con ciertas reservas, pues al escuchar “Paraparlor” en varias ocasiones, se le siente fluctuar varias veces. No es una totalidad que pretende conducirnos por un cauce único: llena de obstáculos en cuanto la identidad propuesta parece más ecléctica de lo que se anticiparía; la mitad del disco parece una cosa y la otra algo distinto, muy a pesar de la temática general (el amor deseante). Es por ello que, en la siempre confiable clasificación de PoaIB, califico al disco con un 7.7, no es malo, pudo ser mejor dada la cantidad de tiempo invertido, pero sin lugar a dudas puedes emplearlo de porta vasos.

No obstante, relegando los hechos, al menos la mitad del trabajo se sostienen fácilmente por sí misma, de hecho todo el espíritu de Sharesprings, más allá de la ironía, ha transmitido parte de su esencia para la constitución de la primera parte de este Fresco como Lechuga. No es ningún desperdicio prestarle atención a una obra cuando te ayuda a transitar los caminos de la inspiración, por ello recomiendo que al menos puedan darle una oportunidad al disco de estos indonesios, quizás les gusten varias de sus canciones (tienen más disponibles en bandcamp). Para que conozcan más propuestas de ese lado del mundo, dejo las redes del sello discográfico.

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Armando V Pizagna

Creativo y Editor at Postal of an indie boy
Un sujeto que aprecia la música y que además es sociólogo; gusta de apreciar los fenómenos musicales y sonoros que hay ahí afuera en el mundo; se trata de un tipo con la ferviente (y quizás ingenua) creencia de que la música debe ser libre o no será nada.

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